Quizá no soy la más indicada para hablar del movimiento de rock holguinero, pues mis lazos con este nunca han sido fuertes. Demasiado tiempo fuera de la ciudad y aunque me gusta el género y lo defiendo, no transpiro rock como sí lo hacen muchísimas personas en esta ciudad.
Precisamente la preferencia por este género musical ha sido una de las fuentes distintivas del holguinero entre el resto de los orientales, pues en medio de ciudades donde preferir el rock era mal visto o denigrado, en Holguín se habían logrado ciertos niveles de preferencia y aceptación que la convertían en un oasis para los amantes del género en esta parte del país.
Fue precisamente este movimiento pujante de seguidores y cultivadores el que dio lugar a que surgiera, 10 años atrás, el festival Metal HG. Era lógico que Holguín, una de las tres plazas fuertes junto a la Habana y Villa Clara, convocara cada año a las bandas de mayor popularidad en el país y a los proyectos que surgían. Sin embargo la última edición del festival, recientemente culminada, fue la mayor demostración de que algo pasa al interior de ese movimiento, un algo percibido incluso por quienes, como yo, no nos movemos dentro de sus espacios más íntimos.
El que antes era uno de los festivales más importantes de Cuba hoy ha perdido su poder de convocatoria. Nada tiene que ver esto con las limitantes económicas que se ha impuesto a todos los eventos holguineros tras el paso de Ike por nuestro territorio y las reducciones presupuestarias a raíz de la crisis económica; su mal es otro, es la escasa presencia de un público que antes venía desde todas partes del país, e incluso me atrevo a afirmar que esa apatía se extiende hasta el público del patio.
Son muchas las causas que hay de fondo. Al gran evento de los rockeros holguineros le falta divulgación, diversificar las tendencias de las bandas que vienen al territorio, casi siempre defensoras del metal más extremo, mejores ofertas gastronómicas en las mismas áreas donde esté funcionando el espectáculo y un espacio para el intercambio mucho más rico, donde no solo haya paneles de expertos (hoy casi extintos), sino también presentaciones de materiales audiovisuales, revistas, etc.
Metal HG es el segundo evento de importancia que organiza la AHS en la provincia y aunque tanto músicos como público reconocen lo que ha hecho la Asociación, parece que no es suficiente. Este año el audio del festival tenía muy buenas condiciones, sin embargo en opinión de algunos de los que llegaron hasta el pabellón Mestre, podía habérsele dado un mejor uso.
Fuera ya del gran evento el panorama de la provincia es más o menos el mismo. Una gran irregularidad en las peñas y cuando se dan no se diversifica la propuesta: nuevamente carencia de espacios de debate, presentaciones de audiovisuales, etc, que contribuirían en gran medida a promover un gusto por el género basado en su verdadera riqueza y no en la llamada estética del rock, que es algo muy común en las nuevas generaciones. Además, aquí, como en otras partes, en las peñas predomina el gusto de quien pone la música y se pierde así la oportunidad de compartir el conocimiento sobre las diferentes tendencias dentro del rock que atraerían a muchos más seguidores y sin dudas despertarían inquietudes en jóvenes músicos dispuestos a cultivarlas.
Precisamente los grupos holguineros, casi todos defensores del metal más extremo, necesitan más presentaciones, la confrontación con el público los haría ganar en calidad y sería otro buen momento de crecimiento para el movimiento en sentido general. Las Rockmerías, que antes se desarrollaban dentro de las Romerías, deben convertirse en un segundo festival y han de organizarse con esas pretenciones.
Por cierto que valdría la pena preguntar por qué las mejores bandas del país no hacen giras nacionales como el resto de los músicos, si ya existe una Agencia Cubana de Rock.
Reflexionar sobre estos aspectos creo que nos ayudarían a devolver la buena salud que siempre ha tenido el rock por estas tierras y a reconquistar esa bien ganada fama de tercera plaza del género en Cuba. Eso y recordar que cuando mejor estuvo el rock en Holguín fue cuando algún loco se echó a cuestas la responsabilidad de comandar a los seguidores del metal, y puso el corazón en cada una de las cosas que se hacían, siempre con escasez de recursos. Quizá al rock en Holguín también le esté haciendo falta un líder, como clamaban algunos a los que pregunté, alguien que con inteligencia y buen carácter (se necesita para enfrentar todos los prejuicios y estereotipos que aún existen), pueda llevar adelante un género tan querido y dentro del cual se hermanan personas bien diferentes.
Etiquetas: Cuba, festival, Holguín, movimiento rockero, rock
Octubre 14, 2009 a las 8:01 am
hola marron
solo para decearte toda la fuerza del mundo en este proyecto.
escribe mucho que tengo que saber de mi tierra y de esa otra al norte (HG) que me trae tan buenos recuerdos.
saludos desde tenerife
ps_ ya no te veo conectada¿?