Debo pedir ofrecer disculpas a los seguidores de Espacio Libre, por no haber escrito para despedir el 2011. Realmente dejé de hacerlo por andar apresurada, como siempre, y no porque fuera un periodo malo en lo personal o para este intento de blog, que creció en lectores y personas que dedicaron tiempo a hacer comentarios sobre los temas. A todos gracias, mis mejores deseos en el 2012 y la invitación a que sigan compartiendo conmigo este espacio.
Y como el año nuevo está fresquecito, voy a tratar de suplir mi ausencia contándoles lo que hice para despedir el viejo.
El mismo 31 viajé a Bayamo. Ya desde temprano comencé a sentir esos olores que no nos dejan lugar a dudas de la fiesta que se celebra, porque cada vez que llega el último día de diciembre, uno se levanta en medio del humo y el “llanto de los cerdos al morir”. Vaya, que unos cuántos animalitos perdieron la vida, para alegría de los que asistimos al banquete.
En mi modesta opinión de viajera interprovincial y a juzgar por lo que vi, la oleada de colesterol este año fue superior al anterior y, contrario a lo que podría pensarse, me parece que la fecha dio un impulso a la conservación de las especies, pues se aprecia un incremento en la población de pavos (guanajo en buen cubano), casi extintos unos años atrás.
Todavía ayer día 2 había rezagados pintando fachadas y rejas, poniendo repello. Se me antoja que este 31 también fue el pretexto para que más personas, poco a poco y con mucho esfuerzo, fueran mejorando las condiciones de sus viviendas e incluso, se hayan propuesto iniciar el 2012 haciendo la cola del Banco para obtener un crédito con ese propósito.
Yo la pasé con mi gente, oyendo historias de familia cercana y lejana, tanto de sangre como geográficamente; “bajando” la comida con vino artesanal y “echando un pasillito”.
Supe de los últimos progresos de Sheila en el chelo, de las travesuras de Leonardo en la recogida de café y de cómo la rotura de la guagua de Luis Ángel, un primo de Camagüey, se convirtió en un “problema comunitario” el cual todo el barrio hizo suyo de un modo distinto, y aparecieron mecánicos, cafés a media tarde, meriendas y hasta almuerzos, durante los días que duró la reparación a pleno sol. Casi demás está decir que cuando arrancó la “Girón”, fue como una fiesta y hasta hubo quien aprovechó la “botella”.
Sé que a ustedes no les importan las historias de gente que no conocen, pero me pareció que las mías podrían ser muy similares a las de cualquier cubano, solo habría que cambiar los nombres. Porque los 31 en Cuba son de risa, anécdotas y bailes inventados, casi siempre repitiendo 5 y 6 veces la canción que más nos hace movernos.
Yo viví en Bayamo el abrazo y los buenos deseos, y hasta las lágrimas a las 12 de la noche; salir a la calle y ver gente con una fe infinita en los 366 días que comienzan, pero estoy segura que muchos de ustedes lo vivieron en tantísimas partes dela Isla, o en algún rincón del corazón, porque Cuba también nos late dentro del pecho.
Entonces, como compartimos este espacio, le cuento lo que hice y me quedo a la espera por si quiere contar cómo le fue, y esas historias pequeñas, íntimas, que hacen a estos días tan especiales.
Etiquetas: 31 de diciembre, Bayamo, Cuba, fiesta, fin de año
enero 30, 2012 a las 9:18 am
corrección hermosa, no se piden disculpas, se ofrecen… quienes te leemos no tenemos por qué disculparnos… besos